Search About Newsletters Donate
Español

De Celdas Hirvientes a Carpas Heladas: Las Temperaturas Extremas de la Encarcelación

Mientras Texas debe instalar aire acondicionado y California debate las reglas en sitios laborales, las personas encarceladas soportan un calor extremo y condiciones gélidas en los campamentos de detención.

Una foto representa la puesta del sol entre un edificio y una cerca de seguridad. La luz del atardecer hace que el edificio se vea solamente en silueta. En frente se ve la imagen cercana de la cerca de seguridad.
Delaney Hall, un campamento federal de inmigrantes in Newark, Nueva Jersey, en mayo de 2026.

El Departamento de Justicia Penal de Texas ha gastado millones de dólares para hacer frente a la “humedad excesiva y la acumulación de calor” en sus instalaciones, señalando que “hay que tener mucho cuidado para mantener un entorno cómodo”.

Para las gallinas.

Esas palabras, extraídas directamente de la política agrícola sobre aves de corral de la agencia penitenciaria estatal, adquirieron un nuevo significado recientemente en una sentencia de un tribunal federal sobre las temperaturas que Texas mantiene para las personas bajo su custodia. El juez federal de distrito Robert Pitman señaló que la agencia era capaz de garantizar temperaturas seguras para las gallinas, pero que este tipo de protecciones “no existen en las instalaciones de alojamiento de los reclusos”.

Este artículo ha sido publicado en colaboración con El País.

Pitman falló que el calor extremo que soportan las personas encarceladas en las prisiones de Texas viola la prohibición de castigos crueles e inusuales establecida en la Octava Enmienda. Ordenó al estado que dotara de aire acondicionado a todas sus prisiones antes de finales de 2029. La decisión es una gran victoria para las personas encarceladas y los activistas que llevan años luchando por conseguir esta medida, aunque probablemente no sea la última palabra. El estado ya ha anunciado que recurrirá ante el conservador Tribunal de Apelación del Quinto Circuito de los Estados Unidos.

Si la sentencia se mantiene, ofrecerá a los reclusos de Texas una fecha límite para poner fin a un ritual anual de desesperación que, desde hace tiempo, ha incluido prácticas como mojar la ropa y las sábanas con agua del inodoro o simular intentos de suicidio para ser trasladados a pabellones psiquiátricos con aire acondicionado.

Esa fecha está a tres veranos calurosos de distancia y conlleva un costo considerable. Las autoridades penitenciarias de Texas estiman que instalar aire acondicionado en todas las celdas del sistema costará aproximadamente 1.500 millones de dólares. Sin embargo, Pitman dejó claro en la sentencia que los factores financieros “no se considerarían una razón legítima” para incumplir la orden.

Sin ese tipo de presión legal, los proyectos de aire acondicionado en las prisiones suelen verse afectados por consideraciones presupuestarias. En Iowa, las autoridades penitenciarias llevan 15 años pidiendo a los legisladores que financien el aire acondicionado en dos prisiones. La gobernadora Kim Reynolds incluyó 8,1 millones de dólares para los proyectos en su presupuesto de este año, pero los legisladores se negaron una vez más a financiarlos.

Las consecuencias de ese retraso quedaron claramente de manifiesto para una familia en uno de los días más calurosos de este año. El 15 de julio, Robert Buel, de 57 años, falleció de un infarto en la Penitenciaría Estatal de Anamosa, donde más de la mitad de las celdas carecen de aire acondicionado. La causa oficial de su muerte fue una enfermedad cardíaca, pero su hermana cree que el calor de la prisión contribuyó a ello. Los defensores de los derechos de los reclusos afirman que muertes como la de Buel —en las que el calor extremo puede influir sin que se registre como causa— se producen cada verano. Los estudios académicos han encontrado una correlación entre las altas temperaturas y la mortalidad en las prisiones.

La financiación para climatizar las prisiones puede resultar difícil de conseguir, incluso cuando los legisladores la incluyen en el presupuesto. En Arizona, la Asamblea Legislativa había asignado casi 170 millones de dólares a lo largo de varios años para instalar modernos sistemas de calefacción y refrigeración en las prisiones estatales. Pero los legisladores recortaron aproximadamente un tercio de esa financiación en 2024, durante una crisis presupuestaria, dejando la reconversión a medio hacer. Hoy en día, 24 centros penitenciarios de Arizona siguen dependiendo de enfriadores evaporativos, conocidos como “swamp coolers”, para mitigar el calor del desierto.

Esos sistemas son más baratos y funcionan haciendo pasar aire caliente y seco por encima de agua, en lugar de refrigerarlo mecánicamente, y sus limitaciones son bien conocidas por las personas encarceladas en todo el suroeste. En un artículo publicado esta semana por el Prison Journalism Project, Brian Quintanilla recordaba haber vivido en una celda sin ventanas en la Prisión Estatal de Ironwood, en California, donde los enfriadores evaporativos luchaban contra los veranos del desierto y la falta de ventilación, y las temperaturas dentro de su celda se mantenían entre 80 y 90 grados Fahrenheit hasta finales de septiembre. “He pasado muchas noches de verano sin poder conciliar el sueño, en las que un río de sudor se formaba sobre mi litera”, escribió en inglés.

Desde entonces, Ironwood ha instalado aire acondicionado, y Quintanilla afirmó que ahora la temperatura en las celdas se mantiene entre los 70 y los 75 grados.

California se encuentra inmersa en un experimento para comprobar si ese tipo de mejora puede generalizarse, mediante un programa piloto de 38 millones de dólares destinado a probar el aire acondicionado, el aislamiento térmico —o una combinación de ambos— en tres de sus 31 prisiones, con el objetivo de mantener todas las temperaturas interiores a 78 grados o menos. No se esperan resultados hasta mediados de 2029, y el programa no exige ninguna medida por parte del estado, independientemente del resultado.

Mientras tanto, el personal penitenciario del estado se encuentra en una situación normativa peculiar. En 2024, California adoptó nuevas medidas de protección contra el calor para los trabajadores en espacios cerrados, pero eximió a las prisiones y otros centros de detención, alegando que los costos del aire acondicionado podrían superar los 6.000 millones de dólares. El estado está elaborando ahora normas específicas para los centros penitenciarios, en las que algunas medidas de protección se activan a partir de los 87 grados —unos cinco grados más que en otros lugares de trabajo en espacios cerrados—.

Stephen Knight, codirector ejecutivo de Worksafe, una organización dedicada a la seguridad laboral, se opuso a esta excepción. “El cuerpo humano no soporta el calor de forma diferente en una prisión que, por ejemplo, en un almacén de Amazon”, declaró en inglés a Capital & Main.

Las prisiones no son los únicos lugares donde las personas privadas de libertad se ven sometidas a temperaturas extremas. Detenidos en los campamentos de inmigrantes de Virginia, Misisipi y Nueva Jersey denunciaron condiciones peligrosas por el calor este verano cuando los sistemas de aire acondicionado fallaron temporalmente. Aunque el aire acondicionado puede fallar en cualquier lugar, muchas de las cosas que la gente hace cuando eso ocurre —cambiar de sitio, abrir una ventana o darse una ducha— no son posibles en los campamentos de inmigrantes. “Muchas veces, cuando se iba la luz, simplemente los encerraban en sus celdas”, explicó la esposa de un detenido a The Guardian sobre la avería del aire acondicionado en Misisipi.

Pero en los campamentos de inmigrantes, las quejas sobre la temperatura también pueden ir en sentido contrario, ya que los detenidos describen condiciones de frío crónico en las celdas. “Hace un frío como no tiene idea, no se soporta”, declaró a El País a principios de este verano una detenida llamada Mariana.

Los campamentos de inmigrantes con temperaturas extremadamente bajas no son nada nuevo. Los inmigrantes detenidos, sobre todo cerca de la frontera entre Estados Unidos y México, llevan más de una década quejándose de las “hieleras”. Pero las instalaciones de lonas, como Camp East Montana en El Paso, Texas, son una novedad. Estas estructuras a base de tiendas de campaña carecen prácticamente de aislamiento, por lo que, aunque el aire acondicionado constante y necesario para mantenerlas habitables es eficaz, también provoca que en el interior “se sintieran temperaturas cercanas al punto de congelación”, según informó The Guardian esta primavera.

El Departamento de Seguridad Nacional declaró al medio que “las afirmaciones de que las instalaciones de Camp East Montana son inseguras o están expuestas son FALSAS”.

Tags: →Segundo Gobierno de Trump →Detención →Servicio de Control de Inmigración y Aduanas →Condiciones en Cárceles y Prisiones →Inmigración